Misterio entre las sombras
Parte 1
Llegó a casa a eso de las 11 de la noche como siempre, pero esa noche fue diferente.
Mientras se adentraba en la oscuridad del pasillo del edificio notaba como la ruidosa puerta se cerraba más lento de lo normal. Se giró intuitivamente pero sólo vio más oscuridad.
Subió por las escaleras como de costumbre, buscó a tientas el interruptor y cuando lo encontró no funcionaba, no le dio más importancia…
Aunque él notaba algo raro a su espalda, algo que parecía observarle.
-Será mi imaginación- ; pensó.
Ya casi estaba llegando a su piso cuando notó que se cerraba la puerta de su vecino.
-Acabará de llegar-; se decía así mismo para evitar ponerse nervioso.
Cuando ya llegó a su puerta sacó las llaves y el pulso le temblaba un poco, pero intentaba no pensar en ello.
Sin duda no se imaginaba que le esperaba tras la puerta…
Parte 2
Agarra el pomo de la puerta y mientras lo gira introduciendo las llaves con la otra mano, oye un movimiento de algo parecido a una silla. Tampoco le extrañó demasiado ya que podría ser perfectamente el vecino que justo hace un momento había cerrado la puerta de al lado.
Entró algo cuidadoso, dio la luz y allí estaba…
Aquel ser siniestro con el que se había topado en más de una pesadilla, ahí estaba de pie, en la esquina de la estantería de los libros apoyado.
Con un sombrero negro de copa alta, un traje oscuro y una corbata roja miraba con una sonrisa malévola y los ojos abiertos de par en par como un gato en la oscuridad.
Él quedó paralizado mirándolo incrédulo, hasta que consiguió articular unas palabras :
-¿Pero qué cojones…?
-Tranquilo mi viejo amigo sólo he venido a por una simple cosa… Tus sueños
Parte 3
-¿Mis sueños?- Replicó aquel hombre tan sorprendido que no tuvo tiempo ni de pensar.
-¡Sí! Esos sueños tuyos me pertenecen, no permitiré que los uses a tu antojo.
-¡Llévatelos si quieres! Es más, me haces un favor si me los quitas de mi cabeza. – Dijo totalmente convencido.
-Que así sea.
Se hizo la oscuridad plena y se oyó como aquel ser se le acercaba muy deprisa y le golpeó la cabeza. Gustavo se desmayó de inmediato.
A la mañana siguiente abrió lentamente los ojos como si hubiera estado dormido mil años, se levantó como pudo del suelo y empezó a andar hacia el espejo del baño.
Atravesó aquel pasillo estrecho y largo, iba dándose contra las paredes cual borracho por los callejones, llegó al baño y cuando consiguió ponerse delante del espejo no consiguió encontrarse en él.
Simplemente no estaba…